Reducción al absurdo

Los demagogos y los líderes autoritarios lo usan mucho. Se trata de esos argumentos que  eliminan la escala de grises, amigos de maximizar las posturas, de nosotros o ellos, de blanco o negro, radicalizan y sitúan los términos en un extremo u otro.

Dentro de esa estrategia está la reducción al absurdo, algo a lo que el Presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, nos tiene muy acostumbrados. Es su manera de no entrar a razonar, de no ajustarse a la lógica, de desviar la atención y correr un tupido velo que trata de tapar las vergüenzas a un Gobierno, el de Rajoy, perdido, sin rumbo y que no deja de meter la pata de forma continua.

Cuando, en junio del año, pasado una patrullera marroquí atracó en la dársena pesquera de Melilla, saltándose todos acuerdos internacionales, sin avisar, ni pedir autorización a España, Imbroda se preguntaba “¿Qué querían, que les ametrallásemos?”.

Cuando en octubre del año 2013, dos jóvenes españoles eran asesinados en extrañas circunstancias por fuerzas marroquíes en aguas cercanas a Melilla, de nuevo, en esa reducción al absurdo, Imbroda se preguntaba, “Qué quieren, que cada vez que un melillense entra en Marruecos le escolte un policía?”.

El pasado martes, Imbroda, en su calidad de senador, se convertía en objeto de chanza y de burla de todas las televisiones del país a raíz de un nuevo comentario en esta línea, formulado esta vez en la Cámara Alta: “Si la Guardia Civil no puede usar material antidisturbios en la frontera, ponemos azafatas con un comité de recibimiento”.

Nadie en su sano juicio espera que la Policía o la Guardia Civil al ver llegar una patrullera marroquí, o de cualquier otro país, sin permiso a territorio español, sea en Melilla o en Pontevedra, la emprenda a disparos. Pero entre ametrallar a fuerzas de seguridad de un tercer país y quedarse de brazos cruzados y justificar la violación de la territorialidad y la soberanía nacional hay un abismo.

Decir poco menos que hay que darles una medalla a los gendarmes marroquíes que desembarcaron en Melilla sin autorización o permiso por su “exceso de celo”, no sólo es un insulto a la inteligencia, sino que genera un precedente peligroso.

Nadie en su sano juicio espera que un agente de policía acompañe a cada melillense, haciendo las veces de escolta, cada vez que entra a Marruecos, pero mostrarse impasible ante la muerte de dos jóvenes  melillenses por balas de la armada marroquí, sin exigir una investigación, sin aclarar por qué se empleó la violencia contra ellos y además en un grado tan alto que tuvo como resultado la muerte de estas dos personas, no sólo es una falta de respeto hacia las familias de Amin y Pisly, sino que genera una sensación de indefensión para todos los melillenses, que, lógicamente, esperan que sean sus autoridades los que, en caso de que les suceda algo en el extranjero, velen por su seguridad y su integridad.

Nadie en su sano juicio espera que a los agentes de la Guardia Civil se les prohíba utilizar la fuerza o el material antidisturbios, sino que se use el criterio de la racionalidad y la proporcionalidad. Reducirlo a ‘siempre o nunca’, es ridículo. Por situarlo en otro escenario, imagínense que hay una manifestación, ¿debe usar la policía material antidisturbios? Pues depende. Si la manifestación es pacífica, evidentemente no. Dependerá de si hay gente quemando contenedores o agrediendo a un policía, o si se crean situaciones de violencia.

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De la misma manera reducir al absurdo de ‘o la Guardia Civil puede usar material antidisturbios o ponemos azafatas’ es un intento de eludir el verdadero problema. No se cuestiona la actuación de la Guardia Civil en general, en su día a día, sino que se cuestiona una acción concreta, como fue lo sucedido en Ceuta y que ha tenido como resultado la muerte de 15 personas y lo que se cuestiona no es la actuación de los agentes que siguieron órdenes, sino la actuación de quienes dieron esas órdenes.

Aquí, lo que la sociedad, los ciudadanos, y los partidos políticos juzgan tiene que ver con responsabilidades políticas, no con los propios agentes. ¿Quién ordenó a los agentes disparar contra los inmigrantes que estaban en el agua? ¿Quién dio la orden política de actuar con pelotas de goma contra unas personas que se estaban ahogando? ¿Por qué el Delegado del Gobierno de Ceuta mintió?

La lógica dicta que, ante lo ocurrido, alguien que no tiene nada que ocultar, que ha actuado bien, daría las explicaciones oportunas, con luz y taquígrafos. Mientras que alguien que no tiene la conciencia tranquila, que ha actuado de forma inhumana, intentaría eludir el tema, con demagogia, con debates artificiales y con la reducción al absurdo. Así que juzguen ustedes mismos.

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~ por Eder Barandiaran en febrero 27, 2014.

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