Reducción al absurdo

•febrero 27, 2014 • Dejar un comentario

Los demagogos y los líderes autoritarios lo usan mucho. Se trata de esos argumentos que  eliminan la escala de grises, amigos de maximizar las posturas, de nosotros o ellos, de blanco o negro, radicalizan y sitúan los términos en un extremo u otro.

Dentro de esa estrategia está la reducción al absurdo, algo a lo que el Presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, nos tiene muy acostumbrados. Es su manera de no entrar a razonar, de no ajustarse a la lógica, de desviar la atención y correr un tupido velo que trata de tapar las vergüenzas a un Gobierno, el de Rajoy, perdido, sin rumbo y que no deja de meter la pata de forma continua.

Cuando, en junio del año, pasado una patrullera marroquí atracó en la dársena pesquera de Melilla, saltándose todos acuerdos internacionales, sin avisar, ni pedir autorización a España, Imbroda se preguntaba “¿Qué querían, que les ametrallásemos?”.

Cuando en octubre del año 2013, dos jóvenes españoles eran asesinados en extrañas circunstancias por fuerzas marroquíes en aguas cercanas a Melilla, de nuevo, en esa reducción al absurdo, Imbroda se preguntaba, “Qué quieren, que cada vez que un melillense entra en Marruecos le escolte un policía?”.

El pasado martes, Imbroda, en su calidad de senador, se convertía en objeto de chanza y de burla de todas las televisiones del país a raíz de un nuevo comentario en esta línea, formulado esta vez en la Cámara Alta: “Si la Guardia Civil no puede usar material antidisturbios en la frontera, ponemos azafatas con un comité de recibimiento”.

Nadie en su sano juicio espera que la Policía o la Guardia Civil al ver llegar una patrullera marroquí, o de cualquier otro país, sin permiso a territorio español, sea en Melilla o en Pontevedra, la emprenda a disparos. Pero entre ametrallar a fuerzas de seguridad de un tercer país y quedarse de brazos cruzados y justificar la violación de la territorialidad y la soberanía nacional hay un abismo.

Decir poco menos que hay que darles una medalla a los gendarmes marroquíes que desembarcaron en Melilla sin autorización o permiso por su “exceso de celo”, no sólo es un insulto a la inteligencia, sino que genera un precedente peligroso.

Nadie en su sano juicio espera que un agente de policía acompañe a cada melillense, haciendo las veces de escolta, cada vez que entra a Marruecos, pero mostrarse impasible ante la muerte de dos jóvenes  melillenses por balas de la armada marroquí, sin exigir una investigación, sin aclarar por qué se empleó la violencia contra ellos y además en un grado tan alto que tuvo como resultado la muerte de estas dos personas, no sólo es una falta de respeto hacia las familias de Amin y Pisly, sino que genera una sensación de indefensión para todos los melillenses, que, lógicamente, esperan que sean sus autoridades los que, en caso de que les suceda algo en el extranjero, velen por su seguridad y su integridad.

Nadie en su sano juicio espera que a los agentes de la Guardia Civil se les prohíba utilizar la fuerza o el material antidisturbios, sino que se use el criterio de la racionalidad y la proporcionalidad. Reducirlo a ‘siempre o nunca’, es ridículo. Por situarlo en otro escenario, imagínense que hay una manifestación, ¿debe usar la policía material antidisturbios? Pues depende. Si la manifestación es pacífica, evidentemente no. Dependerá de si hay gente quemando contenedores o agrediendo a un policía, o si se crean situaciones de violencia.

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De la misma manera reducir al absurdo de ‘o la Guardia Civil puede usar material antidisturbios o ponemos azafatas’ es un intento de eludir el verdadero problema. No se cuestiona la actuación de la Guardia Civil en general, en su día a día, sino que se cuestiona una acción concreta, como fue lo sucedido en Ceuta y que ha tenido como resultado la muerte de 15 personas y lo que se cuestiona no es la actuación de los agentes que siguieron órdenes, sino la actuación de quienes dieron esas órdenes.

Aquí, lo que la sociedad, los ciudadanos, y los partidos políticos juzgan tiene que ver con responsabilidades políticas, no con los propios agentes. ¿Quién ordenó a los agentes disparar contra los inmigrantes que estaban en el agua? ¿Quién dio la orden política de actuar con pelotas de goma contra unas personas que se estaban ahogando? ¿Por qué el Delegado del Gobierno de Ceuta mintió?

La lógica dicta que, ante lo ocurrido, alguien que no tiene nada que ocultar, que ha actuado bien, daría las explicaciones oportunas, con luz y taquígrafos. Mientras que alguien que no tiene la conciencia tranquila, que ha actuado de forma inhumana, intentaría eludir el tema, con demagogia, con debates artificiales y con la reducción al absurdo. Así que juzguen ustedes mismos.

PATRIOTISMO

•febrero 24, 2014 • Dejar un comentario

Ya lo sabemos, nadie elige dónde ni cuándo nacer; es de las pocas decisiones importantes de nuestras vidas, sobre la que no podemos tener influencia alguna. Yo abrí los ojos y eché mi primer llanto en Melilla, en el antiguo hospital de Cruz Roja (de esto hace ya unos cuantos años), pero, por diversos motivos, he vivido en cinco ciudades diferentes (una de ellas, fuera de España) y de todas me quedan lugares, momentos, sensaciones, emociones y gente, mucha gente, que me unirán a estos sitios de por vida. Y resulta que, según la RAE, esto que a mi me ocurre, se denomina patriotismo. En el diccionario, la definición de este concepto hace referencia al “sentimiento que vincula a un ser humano con su patria, tierra natal o adoptiva, que se siente ligado por unos determinados valores, cultura, historia y afectos”.

Pues yo soy patriota, pero no me ajusto al perfil sobre el que estamos habituados a hablar y ver.

No suelo llevar banderas de mi país (que lo es), ni tengo el himno como sonido del móvil, pero no me hace falta para emocionarme enormemente cuando algún ciudadano español consigue un logro en investigación, cuando sube a un pódium deportivo, cuando participa en misiones solidarias y de paz o cuando nuestra literatura, nuestro cine, nuestro arte, me llegan al corazón.

No me sirve que me estén contando, desde atriles institucionales, el amor a España, pero, al mismo tiempo, las decisiones que se toman desde el gobierno, hacen que las condiciones de vida de la ciudadanía sean cada vez peores y que la pobreza, el retroceso en democracia y libertades, la desigualdad y la injusticia social vayan en aumento. Este “amor”, no sólo hay que decirlo, sino demostrarlo y, hasta este momento, no reconozco en el ejecutivo de Rajoy, ninguna acción patriótica, de sentimiento o apego hacia lo que ha de defender a ultranza: el bienestar de toda la ciudadanía, en igualdad de condiciones. Decía José Ingenieros, filósofo y sociólogo ítalo argentino, que patriotismo es “trabajar por el progreso de tu país” y, en este momento, en España, sólo lo estoy viendo para unos pocos.

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Y me enfada enormemente que, algunos de los que más proclaman esos profundos sentimientos, tengan cuentas en Suiza o en otros paraísos fiscales para evitar pagar nuestros impuestos. Patrioterismo le llaman a esto.

Sí, soy patriota, porque estoy vinculada afectivamente al lugar donde nací y a los que me adoptaron durante diferentes periodos de mi vida y porque intento, día a día, mejorar el sitio en el que vivo, con mi profesión, con mi actividad política, con mi actitud hacia los que me rodean; pero no me hace falta proclamarlo a todas horas, simplemente lo soy y lo demuestro.

Pero el patriotismo bien entendido (si no, sería patrioterismo), implica el rechazo al nacionalismo exhorbitado y al etnocentrismo y busca el entendimiento y la cooperación con el resto de los países del mundo. Por eso, porque soy patriota, me opongo con rotundidad a que la sanidad en nuestro país ya no sea universal y a que clasifiquemos a los seres humanos en ciudadanos de varias categorías, en función del sitio de procedencia o del tamaño de sus cuentas corrientes.

Porque soy una buena patriota, pienso, como leí una vez en un texto, que si en el mundo hay más de 6.000 comunidades con lenguas y costumbres propias y, dentro de cada una de éstas, puede haber gente con culturas distintas derivadas de una cultura común, ¿por qué la mía va a ser la mejor? Piénsenlo.

¿Ya has terminado? – me dice mi vecina- , porque hace un domingo tan bonito, que lo mejor es disfrutarlo en la calle. Y tiene razón, así que, me voy a pasear y a consumir un poco en mi trocito de patria. ¡Feliz semana!

Gloria Rojas
El Faro / 24 de febrero de 2014

Mudo y relegado

•febrero 8, 2014 • Dejar un comentario

Llámenme cándido, o iluso, pero un servidor pensó que, cuando Abdelmalik El Barkani tomó posesión del cargo de Delegado del Gobierno en Melilla, que no es precisamente un puesto fácil ni un camino de rosas, los momentos más aciagos y que quien le iba a poner en un brete -políticamente hablando- eran los partidos de la oposición y no el suyo propio.

Si uno echa la vista atrás y mira cómo han sido estos dos años, más allá de las críticas que se han vertido contra él desde partidos como PSOE, CpM o PPL, por una gestión que se ha movido entre mala y muy mala, el que realmente se ha dedicado a maltratarlo, a ningunearlo y, en más de una ocasión, incluso a humillarlo, ha sido el Gobierno del PP, y sobre todo por el Presidente Imbroda.

Poco o nada le han dejado decir y hacer a El Barkani, o mejor dicho al Delegado, porque no olvidemos que, por encima del nombre y del color político, el Delegado no es sino el que representa al Gobierno de España en nuestra ciudad.

Bien es cierto que desde el Gobierno de Madrid han cerrado el grifo y han abandonado a Melilla, por lo que hay poco que “vender” a la ciudadanía. ¿Va a salir el Delegado a explicar que el Gobierno que le ha puesto a él en el cargo, ha reducido un 50% las inversiones estatales? ¿A decir que no hay ni un euro para hacer centros educativos? ¿A defender que se recorta en Educación y se deja de contratar a medio centenar de profesores? ¿Va a alegrarse de que se reduzca en dos millones de euros las políticas activas de empleo al año desde que el PP llegó a La Moncloa? Eso por no hablar de que no hay nada, absolutamente nada que el Gobierno de Rajoy haya proyectado para esta ciudad cuando ya vamos media legislatura. Ni una obra, ni una iniciativa, nada.

Así puestos uno podría pensar que si el Delegado está desaparecido y no se le escucha es por vergüenza torera. Pero no. Hay muchas materias que son competencia de él. Que es él que tiene que capitalizar y gestionar y defender y explicar. Sólo en lo que ha seguridad se refiere, él es el responsable de las operaciones policiales de la Guardia Civil o el Cuerpo Nacional de Policía, los grandes operativos como la Operación Paso del Estrecho, etc.

A él le corresponde gestionar las áreas que no están transferidas como Educación, Sanidad, Empleo, Dependencia, Inserso, pensiones y pelar por que lleguen cuantas más inversiones estatales y proyectos del Gobierno central a Melilla.

Pero el que parece que es y ejerce de Delegado del Gobierno y, además no sólo no se oculta sino que hace gala de ello, es el Presidente de la Ciudad. Es Imbroda el que habla con los Ministros, el que explica las cuestiones que son competencia de Delegación… Hace unos días, muchos asistíamos con sorpresa  al ver cómo Imbroda radiaba una operación policial mientras que El Barkani, a unos metros, escuchaba entre el público. O, cuando el operativo de La Cañada, escuchábamos a diferentes miembros del Ejecutivo local dando todo tipo de detalles de la operación, de las armas requisadas y de las detenciones, sin que el Delegado si quiera hubiese dado una rueda de prensa o datos oficiales.

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Durante el Contrato Marítimo,  El Barkani ha estado desaparecido. Ha sido el Gobierno Imbroda el que ha estado vendido la moto y, cuando ha quedado desierto, en lugar de asumir su responsabilidad, y dar la cara, también ha esperado a que fuesen otros  quienes explicasen, dijesen o excusasen.

Ya sé que me van a decir, que casi desde el minuto uno, desde que El Barkani tomó posesión del cargo ha metido la pata y ha sido protagonista de numerosos escándalos como su marcha a Roland Garros en plena crisis por un intento de entrada masiva de inmigrantes irregulares o la mudanza que presuntamente encargó a sin papeles, por mencionar sólo los más sonados. Pero si desde el PP creen que no es la persona adecuada para el puesto, lo digno sería cesarlo y poner a otro y no ningunearle y apocarle.

El Barkani es un médico de prestigio, reconocido y bien situado, y dicen quienes le conocen que es un hombre inteligente y capaz. Precisamente por eso no logro entender porqué permite que desde su partido le humillen de esa forma, porqué traga y mira al suelo mientras hace un papelón un día sí y otro también. No comprendo porqué admite y permite presentarse ante los medios de comunicación y ante la sociedad como un hombre de paja, mudo y relegado al puesto de figurante. No logro entender porqué se empecina en pasar a la historia como el peor Delegado del Gobierno, el más pusilánime e indolente. Llámenme cándido, o iluso, pero no lo entiendo.

Eso no es democracia

•enero 20, 2014 • Dejar un comentario

El caso es que ya pasó con el tema de la ley del matrimonio homosexual. ¿Se acuerdan? Pues eso, aquí, en este país, hay un sector que se cree en posesión de la verdad absoluta, que cree que su forma de entender la vida es la única, la correcta, que tienen el copyright de cómo “se deben hacer las cosas” y que la forma en la que ven la vida debe marcar cátedra y es y debe ser así en todos los casos.

Decía que ya paso con la ley del matrimonio homosexual, la derecha más rancia y casposa de este país se rompió las vestiduras, se lío la manta a la cabeza y se echó a la calle para impedir que dos personas del mismo sexo se pudiesen casar. ¿Y por qué? Porque ellos, ese sector, no quiere que un hombre se case con otro hombre o que una mujer lo haga con una mujer.

Algunos nos tuvimos que armar de paciencia para explicar qué es un derecho. Que una ley permita a dos hombres casarse no perjudica a nadie, ni obliga a nadie a hacerlo. El problema, insisto, es la intolerancia, el creer que alguien le puede decir a un tercero cómo debe vivir su vida, con quién puede o no casarse.

Pues ahora esa derechona rancia, desfasada y paleolítica, vuelve a la carga con su mejor aliado que no es sino el Gobierno de Rajoy y todos sus acólitos, y lo hace con la ley del aborto. Tratando a las mujeres como si fuesen menores de edad, como si no pudiesen decidir por sí mismas, y en función de sus circunstancias, sobre su maternidad.

 

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Clama al cielo que el supuesto de que el feto tenga malformaciones graves no sea motivo para interrumpir el embarazo. ¿Quién se creen que son Rajoy, Gallardón o cualquier otro para decidir en nombre de unos padres si quieren o no seguir adelante con un embarazo que va a traer a este mundo un niño con graves malformaciones? Es una decisión muy personal y no se puede obligar a nadie a tomar una decisión en un sentido u otro.

Y digo que clama al cielo porque la defensa por la vida y por los niños del PP empieza y acaba en los no natos, una vez que han llegado a este mundo, la máxima de los populares es ‘ahí te quedas y búscate la vida’. El Gobierno de Rajoy, aplaudido por Imbroda entre otros, desmantela sin despeinarse la Ley de Dependencia y lleva a cabo los recortes en Sanidad y Educación…

En el PP defiende la vida, dicen, pero cuando desahucian a una familia y la dejan en la calle les parece bien, llegando a llamar terroristas a las plataformas de stop-desahucios; cuando engañan a ancianos con preferentes, se ríen de ellos en las redes sociales; cuando un español se ve obligado a salir del país 90 días o más, desesperado por la falta de oportunidades laborales aquí, le castigan y van a quitarle la tarjeta sanitaria…

La defensa del PP de la vida empieza y acaba en palabras huecas, en pura fachada -perdón por la expresión, esta vez es sin doble sentido-. Pura hipocresía, sí. Hace unos días sacaban a la luz que la mujer de Rajoy había abortado en 1998, al año de casarse con el entonces Ministro de Administraciones Públicas del Gobierno de Aznar. ‘Haz lo que digo y no lo que hago’.

La ley del aborto que quiere imponer el PP es más restrictiva que la 1985 y los profesionales sanitarios que lleven a cabo una interrupción del embarazo fuera de los hiperrestrictivos supuestos contemplados por la ley serán penados. Las penas serán de uno a tres años de cárcel y de uno a seis años de inhabilitación.

En la época franquista, las chicas de familia bien, las que tenían medios se iban a Inglaterra a abortar. Parecía que mucho había llovido desde entonces, pero con el PP, en lugar de avanzar, estamos dando pasos atrás. Un amigo mío, bromeaba el otro día y me decía. “Va a llegar un momento en el que en ‘Cuéntame’ se podrá abortar y en la realidad no”.
Dejando chascarrillos a un lado, es evidente que el PP ha empezado a transitar una peligrosa senda. Quieren decidir cuándo somos padres y cuándo no. Cuándo una mujer tiene que seguir o no con su embarazo. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Con quién nos podemos casar y con quién no? ¿A qué colegio podemos llevar o no a nuestros hijos? ¿Quién debe ser atendido por la Sanidad y quién no? Mucho me temo que, si les dejamos, va a ser así. Y eso no es democracia.

Hace falta Educación

•octubre 25, 2013 • Dejar un comentario

La salida masiva a las calles de las principales ciudades del país de profesores, alumnos, padres y madres y, en general, ciudadanos hartos de la actitud prepotente y despótica del Gobierno de Rajoy, el pasado jueves 24 de octubre para protestar contra los recortes del PP en Educación y la llamada Ley Wert, ha puesto de manifiesto un problema que, sólo los que se auto engañan, no pueden ver.

Los populares y Mariano ‘Chuches’ Rajoy a la cabeza se han atrincherado detrás de su mayoría absoluta. Un rodillo que les es cómodo a la hora de aprobar todo tipo de leyes en contra de la opinión y el gusto de la inmensa mayoría de la sociedad, ya sea el copago farmacéutico, el desmantelamiento de la Ley de Dependencia, o la imposición de un modelo educativo que va a pasar a la historia por poner a absolutamente de acuerdo a todo el mundo, pero en su contra.

El problema de “gobernar” así es que estas políticas tienen muy poco recorrido. Los grupos parlamentarios del Congreso ya han dicho que, en cuanto el PP pierda la mayoría absoluta, derogaran la nueva Ley Educativa.

La pregunta que cabe hacerse, llegados a este punto, es ¿por qué? ¿por qué actúa así el PP? ¿por qué tanta prepotencia? ¿para qué tanta soberbia? Aunque quizá les vaya en el adn y no puedan evitarlo. Y a los ejemplos de Melilla, me remito.

Después de la segunda fase de la Operación Ópera, en la que la policía judicial detenía a la puerta de su casa a varios miembros del Gobierno para tomarles declaración, el que se hace llamar presidente de todos los melillenses, se dedicó a insultar en su cuenta oficial de twitter a los diputados del PSOE y de PPL que habían pedido que se convocase una Junta de Portavoces para abordar la cuestión y pedir información.

Imbroda les llamó “carroñeros”. No entiendo muy bien el símil, si la oposición es carroñera por “rondar” al Ejecutivo local, ¿está diciendo Imbroda que su Gobierno es carroña? Le planteé esta pregunta a través de la conocida red social, pero no obtuve respuesta.

Otro ejemplo. Este semanario, La Luz, daba cuenta en la contraportada de su último número de una comida que la cúpula del PP tenía en un conocido restaurante de la ciudad el pasado viernes, a pesar de que varios altos cargos del Ejecutivo seguían en ese momento por la Guardia Civil. Al reparar en la presencia de periodistas de Cablemel, uno de los miembros de la comitiva les dedicaba una ‘peineta’.

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Es evidente que precisamente lo que necesita este pueblo no son recortes en educación, ni la eliminación de asignaturas que fomentan la tolerancia y el respeto, como Educación Para la Ciudadanía, o el pensamiento crítico, como Filosofía.

Un servidor, a pesar de que no es muy listo, entiende que recortar en 6.500 millones la partida de educación, reducir las becas y hacerlas más inaccesibles, despedir profesores, legalizar el aumento de la ratio de alumnos por aula y hacer desaparecer los programas de refuerzo educativo y las medidas contra el fracaso y el abandono escolar no puede ser la solución para los problemas de la educación ni en Melilla ni en el resto del país.

Insisto, si yo que no soy muy listo me doy cuenta de eso, personas que, quiero creer, están mucho más preparadas como son el Ministro de Educación, José Ignacio Wert, o el Director Provincial de esta área en Melilla, José Manuel Calzado, ¿cómo pueden defender este ataque sin precedentes a la Educación? ¿No se dan cuenta del daño que esta ley va a hacer?

Quizá sí se dan cuenta. Quizá sea ese su cometido. Hacer ciudadanos poco críticos, limitar al máximo el acceso a la educación, tener personas lo menos preparadas posibles para que sean más fáciles de manipular. Tal vez sólo quieran conseguir gente que vea “normal” que un Presidente insulte a la oposición por pedir transparencia; gente a la que no le indigne que políticos hagan gestos obscenos a periodistas sólo por pertenecer a un medio de comunicación que no es afín a su línea ideológica…

Afortunadamente la sociedad no está aborregada como quieren los populares y la marea verde se ha echado a las calles a poner el grito en el cielo ante esta ley educativa retrógrada y clasista. Sí, señores Wert y Calzado, están recogiendo lo que han sembrado. Va a ser eso o quizá sea que los estudiantes de hoy en día son muy despistados y que, cuando les saludan, se olvidan de usar cuatro de sus dedos…

Cuando Mariquita quiere…

•octubre 16, 2013 • Dejar un comentario

Este refrán, cuando era niño, mi madre me lo decía mucho. “Cuando Mariquita quiere para todo se da maña”. Viendo cómo se las gasta el PP -el local y el nacional- no puedo dejar de acordarme de ese popular dicho.

Por hacer un pequeño repaso a todo lo que ha pasado con el culebrón del nuevo Hospital Universitario -y han pasado muchas cosas-, ahora de nuevo en boga por la sentencia que no le da la razón al Ingesa, esto es al Gobierno del PP, recordar que se trata de una de las grandes obras de esta ciudad. Una infraestructura que no sólo genera puestos de trabajo con su construcción, sino que, una vez que se abra al público -sí, algunos tenemos la esperanza de que eso suceda algún día- también generará puestos de trabajo directos e indirectos, amén de la mejora de la calidad asistencial que va a suponer.

Una obra que marchaba en plazos y ritmos perfectamente mientras gobernó el PSOE, pero que, fue llegar el PP a La Moncloa y, ¡ops!, por arte de magia, se paró, igual que sucedió con las obras del antiguo Mercado Central. “Anécdotas” que diría el más listo que tiene el Gobierno local.

Si uno recuerda la visita del Presidente José Luis Rodríguez Zapatero a nuestra ciudad en 2006 y el anuncio del nuevo Hospital para Melilla, puede ver la cara de Imbroda, a su lado. Un poema. La noticia de que nuestra ciudad iba a contar con un Hospital puntero le sentó como si del peor ataque que nadie puede recibir se tratase. Imbroda, la verdad, ni disimuló. Estaba descompuesto y con el rostro torcido. Eso es amor a la ciudad y a los melillenses y lo demás son tonterías.

Pero dejando a un lado el hecho de que éste es un proyecto que nunca le gustó a Imbroda y al PP, me van a permitir que haga de abogado del diablo y dar, aunque sólo sea por un momento, por bueno el “argumento” utilizado por el actual Delegado del Gobierno, Abdelmalik El Barkani, para justificar la paralización de las obras.

Barkani, que a decir de muchos, con su gestión como Delegado, está haciendo méritos para quitarle el puesto a Carmina San Martín, aseguró que el Ingesa no estaba de acuerdo con el modificado de 8 millones de euros y que sólo estaba dispuesto a pagar 5 millones.

¿Qué es el modificado? Pues, haciendo una breve labor pedagógica, apuntar que desde que se hizo el proyecto hasta que se empieza a construir, sobre todo en el ámbito de las nuevas tecnologías y en materiales de última generación, se han producido una serie de avances e implicaba implementar mejoras sobre el proyecto original en cuestiones tales como ahorro de energía, instalación de tabletas electrónicas en las habitaciones en las que los profesionales sanitarios puedan consultar los historiales…

Hablando en el castellano de la calle, el Gobierno del PP ha parado una inversión de más de 40 millones de euros por una discrepancia de 3 millones. Puede parecer mucho dinero, pero hay que verlo en su contexto. 6 millones de euros es lo que se gasta el Gobierno de Imbroda al año en publicidad y propaganda. 3 millones de euros es lo que se gasta en el mantenimiento del Campo de Golf. Más de un millón de euros es lo que se ha gastado por tener alquilado un local vacío en la Estación Marítima. Para eso sí hay dinero y no duele tirarlo.

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Pero voy más allá. ¿Recuerdan la obra faraónica de la nueva Estación Marítima? ¿Esa a la que se le voló el techo nada más ser inaugurada? Empezó costando 11 millones de euros y nos terminó costando más de 22 millones de euros. Eso sí que es un modificado del precio, ¿eh? Pues para pagar eso no hubo problema. Y el premio final ha sido perder un muelle de atraque y las inversiones que aún nos quedan de hacer y pagar una pasarela.

¿Y el Teatro Kursaal, que terminó costando 12 millones a las arcas públicas… y tuvo un modificado del 20%? Un dinerito, por cierto, que aún estamos pagando y que seguiremos pagando durante muchos, muchos años porque fue abonado gracias a un crédito… Para eso también hay dinero. Y es que, cuando Mariquita quiere…

Para mejorar la Sanidad, para ampliar la plantilla de profesionales sanitarios, para conseguir que Melilla esté a la vanguardia del país en una infraestructura hospitalaria… para eso no. Ahí sí le duele al PP pagar 3 millones de euros “más”. Así están las cosas. Y, claro. Así nos va.

Eder Barandiaran
La Luz Nº 13 – 16/10/2013

El rey desnudo

•septiembre 26, 2013 • Dejar un comentario

Tenía que pasar más pronto que tarde y, la verdad es que se veía venir. El poder, en Melilla, ha estado protegido y mimado por una red de medios de comunicación fuertemente subvencionados y de un grupo de intereses al que le venía -y le viene- muy bien que todo siga igual y que nada ni nadie se mueva. Pero, como todo en esta vida, esto parece que está llegando a su fin.

Un servidor echa la vista atrás a los últimos meses y se encuentra con multitud de casos que han salpicado de escándalos al Gobierno de Imbroda: los libros de Simi Chocrón, los títulos de buceo de Guillermo Merino, la vivienda de protección oficial a la hija de Juan Antonio Iglesias, la cesión del servicio de recaudación de los impuestos de la ciudad a una tercera empresa sin pasar por Pleno ni Comisión… y se pregunta si es que el equipo de Gobierno del PP está más echado al monte que nunca o si siempre han pasado estas cosas pero los ciudadanos no se enteraban.

La verdad es que, aunque sólo es una opinión, me quedo con la segunda opción. Ahora se conoce más. Y para muestra un botón. ¿Se hubiesen enterado los melillenses de que un miembro del Gobierno se pasaba los Plenos de Control en la inopia y haciendo barquitos de papel si no lo llega a grabar y emitir Cablemel?

Pues a eso voy, casos que han chirriado y que han sido denunciados por los grupos de la oposición ha habido siempre, pero tenían un corto recorrido, porque como dice aquella máxima, ‘lo que no se publica, no existe’.

El PSOE lleva años y años denunciando malas prácticas por parte del Ejecutivo de Imbroda en la adjudicación de contratos, con la fragmentación de los mismos, los llamados contratos menores que no tienen que salir a concurso público y pueden darse a dedo. Pero tenía un recorrido pequeño. Las denuncias se veían amortiguadas por los medios afines y amigos al poder, y al final todo quedaba silenciado, poniendo la versión de Imbroda y su Gobierno por encima de cualquier otra cuestión.

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Sin querer adelantarme a lo que marquen los tiempos judiciales, la irrupción de la Guardia Civil en las dependencias del Gobierno local el pasado jueves, con el registro de la Consejería de Medio Ambiente, entre otras, ponía de relieve que las denuncias de los socialistas, al menos, algo de razón tenían. La ‘Operación Ópera’ sacudía la ciudad y hacía que más de un melillense pensase que, por fin, se iba a destapar una gran trama de corrupción en esta ciudad, no muy distinta de la que vimos hace unos años en Marbella.

Insisto, no voy a adelantarme a lo que la jueza tenga que decir sobre este tema, -que a la postre es la que tiene que determinar si hay o no trama y si hay o no corrputelas- pero a lo que voy es que esa aparente tranquilidad en la que vivía en Gobierno de Imbroda, esa época blindada de sustos, y en la que parecían intocables ha llegado a su fin.

Desde primera hora del jueves, con la llegada de la policía judicial a las dependencias municipales, los medios no subvencionados y las redes sociales ardían y las críticas al Gobierno se disparaban, hasta tal punto que el PP, que siempre ha presumido de tenerlo todo atado y bien atado en esta ciudad, mandaba una carta a todos sus afiliados “ante la alarma social” causada.

Con todo lo que está pasando, a un servidor le viene a la mente el cuento del traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen. Después de muchos años, en los que los charlatanes del pueblo han venido diciendo lo maravilloso que era el traje del emperador, por fin hay gente que no tiene mido a señalarle y gritar que el rey está desnudo.

Eder Barandiaran
Publicado en La Luz N.10 / 25 Septiembre 2013

 
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