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7 melillenses

Anoche vi en la televisión por cable una entrevista a dos trabajadores de Tratagua. Se cumplía una semana desde que siete de los profesionales que trabajan en esta empresa empezaban su huelga de hambre por defender algo justo y merecido como es la renovación de su convenio de trabajo, en el que exigen una pequeña mejora retributiva que les permita compensar el incremento del coste de la vida.

Acampados en la Plaza España, frente al ayuntamiento, de forma pacífica y llena de dignidad los trabajadores muestran así su resistencia ante una situación a todas luces injusta y que se prolonga ya desde hace medio año, momento en el que caducó el convenio colectivo.

Seis meses lleva enrocada la negociación, tantos como el tiempo que la patronal lleva poniendo trabas y excusas para no dar a los trabajadores lo que es justo, lo que merecen, porque no olvidemos que Tratagua es la empresa con mayor riesgo biológico de la ciudad y eso que el incremento salarial que solicitan cada uno de los trabajadores al año equivale al coste de 27 minutos de la Semana Náutica.

Tras semanas de encierro en la planta de Tratagua, desde el lunes llevan acampados en la Plaza España. Son la estampa misma de la dignidad. Allí, siete huelguistas de hambre, junto con otros compañeros, recuerdan a la clase política de la ciudad que su situación es insostenible.

Una empresa que no deja de ser una entidad subrogada por el Ejecutivo local y es que, a la postre, no se trata sino de un Servicio Público, como es el tratamiento de las aguas residuales de Melilla. Sin embargo, desde la Ciudad Autónoma se mantiene el mutismo, a pesar de que cada mañana cuando llegan al Palacio de la Asamblea les ven, les tienen que ver.

Ven como trabajadores que llevan semanas sin poder estar con sus mujeres e hijos, que están sufriendo las secuelas de su huelga de hambre y de estar a la intemperie claman por la intermediación de la máxima institución de la Ciudad.

Da pena ver cómo el jefe de Tratagua, un señor de 80 años de Jaén, a punto de jubilarse se vuelve para su tierra con pingues beneficios pagados de los bolsillos de todos los ciudadanos de Melilla, mientras que trabajadores nacidos en Melilla, criados en Melilla, que viven y pagan sus impuestos en Melilla y que, previsiblemente, si les dejan, quieren desarrollar toda su vida en Melilla, exponen su salud por un pequeño incremento salarial que les permita vivir con dignidad, mientras que el Gobierno local se cruza de brazos. Qué triste.

~ por Eder Barandiaran en Abril 10, 2008.

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