Un libro, un tesoro
“Hay gente que no tiene tiempo para leer. Podrían ahorrarse la confidencia: Se les nota”. Así de contundente y mordaz se mostraba el brillante Manuel Alcántara al referirse al tema que nos ocupa. Y es que en lo que a los hábitos de lectura se refiere España está a la cola de Europa en compra y lectura de libros. Según se desprende del estudio realizado por la Federación de Gremios de Editores de España realizado en 2007, el 43% de la población es ‘No lectora’, es decir que no lee nunca o casi nunca.
Tal vez no exageraba el humorista gráfico Forges en una de sus viñetas en la que aparecían dos niños mirando intrigados un libro mientras uno le espetaba al otro “¿y dices que no tiene play, ni rec, ni stop?”
Dicen que hay cosas que sólo se pueden aprender leyendo el libro de la vida. Quizá sea cierto, pero cómo sustraerse de las historias, ensayos, aventuras, amores, guerras, versos, que tantos genios han plasmado en papel. Nadie como Muñoz Molina, para expresar la melancolía en El Jinete Polaco; o Mario Benedetti, el recuerdo y la añoranza, con su Primavera con una esquina rota; las aventuras del bravo Alatriste de Arturo Pérez-Reverte; la tensión que insufla Thomas Harris con su personaje Anibal Lecter; la pasión que desprenden los protagonistas de Los Pilares de la Tierra de Ken Follet, a través de varias generaciones; o recordar el drama del pueblo judío de la mano de Gerald Green en su obra Holocausto; poder pasearse por las calles de la Roma Imperial metido en la piel del Médico del Emperador de Tessa Korber; no parar de reír con las andanzas de un extraterrestre en Barcelona, en la genial Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza…
Hay que reconocer el buen trabajo que desde hace años están llevando a cabo las instituciones con planes de fomento de la lectura, o el Servicio de Orientación a la Lectura cuya meta es impulsar la lectura entre los más jóvenes, y tampoco se le puede responsabilizar de la baja tasa de lectores al precio de los libros: cabe recordar con pedagógica paciencia que las bibliotecas son gratuitas y de momento no se sabe de ninguna que corra riesgo de ‘overbooking’.
“La parte más importante de la educación del hombre es aquella que él mismo se da”, como afirmó Walter Scout. De nada servirán las medidas de instituciones, libreros o educadores mientras que no sean los propios ciudadanos, de todas las edades, los que se mentalicen de que deben crearse un hábito de lectura, no por obligación, sino por placer. Y de que los libros son la mejor herencia que le podemos dejar a generaciones venideras. Pero si es poco probable que un menesteroso legue ostentosas posesiones a su prole, tampoco es muy factible que para los que leer no es una costumbre, fomenten la práctica de la lectura entre sus hijos. Y así tenemos la pescadilla que se muerde la cola: de padres gatos, hijos mininos…
Este 23 de Abril es el día del libro, no esperes hasta entonces para coger uno y sumergirte entre sus páginas. Que no te engañen: un día en el que no lees nada, es un día perdido.

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