Hacen falta

•mayo 10, 2013 • 1 comentario

En estos tiempos que corren, bueno con la crisis que está cayendo, más que correr se arrastran como pueden, pero vaya que ya me han entendido, que con la edad que uno tiene, que ya cumple más años que promesas y que ya no se ilusiona como antes ni siente mariposas en el estómago ni entiende de barcos, ni hace castillos en el aire, hay cosas que aún me siguen llamando la atención y que aún me descolocan.

Siempre he dicho que, si de los errores se aprende, voy camino de ser un hombre muy sabio, porque soy de esas personas que se hizo un máster en tropezar siempre en la misma piedra, quizá porque durante un tiempo me dediqué a andar en círculos.

Todo este rollo de preámbulo en el que voy gastando palabras sin decir demasiado es para decir que sí, que a pesar de todo, de vez en cuando conoces a alguien que te hace reconciliarte con la raza humana y con el mundo.

Que, en ocasiones, cuando crees que ya tienes callos en la cara de tanto poner la otra mejilla y de encontrarte con personas que te joden la vida, y estás a punto de tirara de toalla, de repente, sin entender muy bien porqué y porqué ahora y no antes, se presentan en tu vida personas buenas, que no entiendes cómo se han podido mantener tan “puras” en un mundo tan jodido como el nuestro.

El caso es que así. Tienen su puntito de candidez. Sin duda porque la vida les ha tratado bien y no han tenido que espabilar a base de golpes. Y no han desarrollado maldad o picardía, quizá por crecer en un entorno en el que han estado muy protegidos o porque, quizá también estén rodeados de otras personas como ellos, bonachones. Quién sabe.

Sea como fuere, están ahí, y a veces entran en tu vida, sin llamar. Aparecen, les gusta lo que ven y se quedan. Y, de repente, para cuando te quieres dar cuenta, forman parte de tu cotidianeidad, de tu día a día. Y descubres que se han convertido en una pieza fundamental y el día que nos los tienes, echas de menos ese saquito de bondad, esa ración de afecto, esa forma de ser, quizá un poco ñoña, pero llena de ternura, de indulgencia y humanidad que tanto le falta a esta sociedad.

Hace unos meses conocí a una persona así. Y aunque uno no sabe lo que le depara el futuro, espero que ella no cambie. Y, desde el egoísmo, que siga formando parte de mi vida, porque personas así hacen falta.

Que sea así

•mayo 7, 2013 • Dejar un comentario

La culpa es de la cebolla

•abril 30, 2013 • Dejar un comentario

tranchete

 

-Lo reconozco, yo también he llorado por una cebolla que no merecía la pena.
-Pero eso te pasa porque te involucras mucho sentimentalmente antes de cortar.
-Entiendo lo que me quieres decir.
-¿A ti también te ha pasado?
-No, pero hablo castellano, por eso te entiendo.
-Eres una persona peculiar.
-Puede, por eso a mí me gustan las personas que me quieren por lo que soy.
-¿Millonario?
-Eso también, pero me refería a experto en hematología.
-Como si eso te hubiese abierto muchas puertas.
-Pero me las abre mi mayordomo.
-¿Eso que tienes es un curriculum o te alegras de verme?
-Un poco las dos cosas.
-Y dime, ¿qué puedes aportar a mi empresa?
-Confusión.
-Ummm… interesante, cuéntame más.
-No.
-Vale, contratado.
-Oye, por cierto, ¿a qué se dedica tu empresa?
-Aún no lo he decido, es lo bueno de contratar primero al personal y luego constituir la empresa.
-Podría ser una empresa divergente en el sector psicosocial pero con un carácter retro y alternativo ¿qué te parece?
-Te estás inventando palabras para hacerte el intelectual y sólo quedas en evidencia y pareces un ecocumeniano.
-Cómo me conoces.
-Bésame bandido.

Eder Barandiaran
Perdonen la impertinencia

La Razón… de quién?

•abril 27, 2013 • Dejar un comentario


LaRazon

Frases de Facebook (XVII)

•abril 18, 2013 • Dejar un comentario

Tanto va el cántaro a la fuente, que al final sabe ir solo

Si los caballos sufren la peste equina y los cerdos la peste porcina, ¿Por qué los hombres sufren enfermedades patológicas?

Soy un rebelde y un antisistema: cuando voy al supermercado, aunque en los bricks de leche pone ‘abrir aquí’, yo los abro cuando llego a casa

En mis relaciones me pasa como cuando pongo la lavadora: nunca sé si estoy haciendo lo correcto

Se me está acumulando más trabajo que al chapista de Carlos Sainz

No prometo que lo intentaré pero intentaré intentarlo

Cuando éramos niños queríamos crecer… ¿en qué estaríamos pensando?

El sexo prematrimonial es pecado, pero si no tienes intención de casarte, no es sexo prematrimonial ¿no?

En este mundo existen dos tipos de mujeres: las que tienen mucho dinero y las que no me gustan

¿Conoces esa mirada que te lanzan las mujeres cuando quieren sexo?… Yo tampoco

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Juan Abreu: Follar con amor

•abril 9, 2013 • 1 comentario

Hasta para un partidario convencido, como yo, del sexo casual, del sexo por entretenimiento, del sexo por pasar el rato, del sexo como terapia antiestrés, del sexo por probar algo nuevo, del sexo por el sexo, del sexo por curiosidad, del sexo por aburrimiento, etcétera, está muy claro que no hay nada como el sexo con amor. No por amor, con amor.

Que te la chupen una rubia y una morena, o dos morenas (haciendo pausas para besarse apasionadamente, las benditas), o que te pongan un chocho en la cara mientras alguien, ¿quién será?, te la chupa, o ver correrse a La Giganta (de ese acontecimiento extraordinario les hablaré otro día), o pasearte por entre parejas que follan e ir metiéndole el pito en la boca a todas las mujeres a tu alcance. Qué duda cabe de que esas son experiencias supremas que recomiendo vivir a toda persona sensata antes de extinguirse.

Pero. Ninguna comparable a follar con amor. Follar amando a quien te follas. Hasta yo tengo que reconocer eso, sin titubear un segundo. Lo que no quiere decir que no sigamos deseando (y haciendo, cuando podemos) todo lo demás. Desear todo lo demás es lo más natural y lo más sano del mundo. Pero aquí hablo de gradaciones, y follar con alguien que amas está en lo más alto de la parte más meridiana del follar.

¿Por qué? Creo que es por un extra, por un algo que añade al follar eso que llamamos amor (y que, según los psicólogos evolutivos, es una mezcla de estrategias reproductivas y compatibilidades químicas de cierto tipo, entre un macho y una hembra de nuestra especie). Siguen presentes todos los placeres del acto, de la carne, de nuestra grandiosa red neuronal, y por supuesto está muy presente el universo ajeno a nuestro yo en el cerebro, que despliega en ese sublime momento todas las artimañas propias de la sopa eléctrica y química que somos.

 

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Sin embargo, a pesar de sentir todas esas maravillas, tenemos la impresión de que hay algo más.

Que nadie pronuncie la palabra “espíritu” o “alma”. Ya sabemos que no existen, que son artefactos culturales de ficción. Han sido muy útiles al proceso de civilización, no lo negaremos, pero no son reales. Sin embargo, no cabe duda de que follar con amor es un fenómeno curioso y de difícil explicación. Al menos para mí. Uno está haciendo lo mismo que hace siempre (metiéndola, sacándola, chupando por aquí y por allá) pero sucede que siente una emoción, un debilitamiento, un abandono, un embeleso, un arrobamiento. Y quiere fundirse (la literatura aquí es inevitable) con la persona con la que folla. Quiere, de cierta manera, perderse, quiere no regresar. También desea, a veces, comerse a la otra persona, pero esa es otra historia.

Follar con amor es una sensación fantástica y extraña. No quiero ponerme romántico para no hacer el ridículo o falsear las cosas o magnificarlas o razonar mediante moldes, que es lo que pasa cuando nos ponemos románticos.

Sabemos, eso sí, que el cerebro nos inventa y que el cerebro nos engaña. Constantemente. Pero de una manera especial, creo, nos engaña en eso que llamamos amor. Todos hemos experimentado la deliciosa conmoción que produce el cerebro y que consiste en hacerte creer que todo lo que tiene que ver con una persona que acabas de conocer es maravilloso y que ya no puedes estar sin verla ni un momento. Todos hemos pasado por ahí. Y todos sabemos que cuando pasa la engañifa de nuestro cerebro, nos rompemos la cabeza tratando de explicarnos ¡cómo nos hemos engañado tanto! Cómo hemos podido estar tan equivocados.

Pero no es culpa nuestra, naturalmente, es nuestro cerebro y en general nuestra sopa química, timándonos y manejándonos a su antojo. Es decir, según sus planes, que no necesariamente son los nuestros. Lo que llamamos “yo” no es más que una parcela diminuta en medio de la galaxia que es nuestro cerebro.

Según los científicos (Eagleman), eso que llamamos amor suele durar alrededor de tres años, antes de empezar su declive. Estamos programados “para perder el interés en una pareja sexual después de que haya pasado el tiempo necesario para criar un hijo, que es una media de cuatro años”.

No lo dudo. Pero.

Qué pasa cuando no se desvanece la engañifa y la engañifa se torna permanente. Cuando pasan los años (tres, cuatro, seis, diez o doce o veinte años) y sigues sin poder alejarte de la otra persona sin añorarla, cuando pasan los años y sigues pensando que su olor es el mejor perfume que existe, cuando pasan los años y sigues queriendo follar con esa persona por encima de todas las otras personas. (Ojo, no digo que no quieras follar con otras u otros, digo que si tienes que elegir siempre eliges a esa persona para follar por encima de cualquier otra). Qué pasa cuando pasan los años y sigues creyendo que sus ojos son los más bellos del mundo y su boca la más olorosa y su saliva un dulce jarabe y el sabor de su chocho superior, muy superior, a cualquier manjar imaginable.

Qué pasa. ¿Cómo se explica eso? La respuesta tiene que estar en nuestro cerebro, porque no hay nada fuera de nuestro cerebro. Lo sé.

Seguro que nuestro cerebro tiene capacidad para engañarnos permanentemente, a largo plazo. Bien. ¿Pero por qué lo hace? Ya no hay ninguna cría de la que ocuparse.

Bueno, me digo, cuando pienso en el asunto y no puedo llegar a una conclusión satisfactoria: ¡qué más da por qué lo hace nuestro cerebro, qué más da que el amor sea un invento suyo!

Eso. Qué más da.

Y pasan los años. Y llega una tarde de invierno, quince años después de haberte visto por primera vez. Y estamos en casa y me abrazas y dices:

—La vida es maravillosa cuando estoy contigo.

Y sigo sin saber por qué follar con amor es insuperable, e ignoro, claro está, por qué eso que llamamos amor, contra todo pronóstico, puede durar toda una vida. No obstante, sé que soy feliz cuando dices la vida es maravillosa cuando estoy contigo. Cualquier cosa que sea eso de ser feliz.

Y te beso. Y mi pequeño yo se regocija en las vastedades de mi gran cerebro.


http://www.jotdown.es/2013/04/juan-abreu-follar-con-amor/

Mentiras, terrorismo y cintas de vídeo

•marzo 29, 2013 • Dejar un comentario

Un servidor, acude con cierta regularidad a una tertulia que se emite en la televisión pública de Melilla, ‘Viento de Levante’, en la que, como ciudadano, expresa su punto de vista y parecer sobre diferentes temas ya sean políticos, sociales, culturales…

El pasado miércoles, 27 de marzo, me tocó en plató con el Viceconsejero de Control y Gestión de Servicios del Gobierno local, Francisco Villena, más conocido como ‘Cucho’.

El tema en cuestión que voy a relatar, comienza a propósito de las declaraciones de la Delegada del Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, que vincula a la plataforma para detener los desahucios -PAH- con el entorno de ETA.

Por lo visto, alguien de la plataforma, apoyó una concentración o una marcha o una manifestación en apoyo a los presos terroristas o algo así y de ahí, Cifuentes, ni corta ni perezosa, pasa a criminalizar a todo el colectivo que, hasta donde yo sé, es muy grande y muy heterogéneo donde hay personas de todas las ideologías y colores políticos.

En la tertulia explico -y aquí me reafirmo- que me parece una barbaridad coger la parte por el todo y pongo de ejemplo una fotografía en la que un ex Ministro de Aznar -Eduardo Zaplana- asistió a una manifestación ultra y posó con una bandera fascista. El hecho de que este señor comulgue -que no sé si es el caso- con una ideología fascista y pose con símbolos anticonstitucionales, no implica que el PP sea un partido fascista ni anticonstitucional.

Insisto, no se puede coger la parte por el todo y mi frase es que no se puede decir que el PP sea franquista porque haya uno o dos o diez personas que lo sean.

zapla

Supongo que algo se le removió al bueno de Cucho al escucharme porque se ofendió ante el hecho de una hipotética comparación entre el franquismo y el terrorismo (comparación que no hice sino que puse un símil de cómo no se puede coger la parte por el todo y generalizar y mucho menos en cosas tan graves).

Lo graves es que Cucho le quitó hierro al franquismo, dando a entender, o, al menos, esa es la sensación que me dio a mí, de que el franquismo no fue tan malo como el terrorismo. Yo, personalmente rechazo ambas cosas, los asesinos de ETA y al asesino del dictador y su deleznable régimen, pero en fin.

El punto de discordia llega cuando el representante del Gobierno me pregunta:   “Tú, ahora mismo, con tu apellido, ¿irías a una manifestación proetarra?”. “Por supuesto que no, ni con mi apellido ni con cualquier otro, pero tampoco me pondría detrás de una bandera fascista”, replicó yo.

VL

Enlace: Viento de Levante / A partir del minuto 17

Es evidente que no ofende quién quiere, sino quien puede. Y, diga lo que diga el señor Villena, a mí no me afecta en absoluto, pero eso sí, la pregunta es, en sí, una barbaridad. ¿Con mi apellido?, ¿Qué insinúa? ¿El hecho de que sea vasco implica tener algún tipo de cercanía, nexo o afinidad con terroristas?

La verdad es que la historia hubiese quedado ahí, de no ser por la reacción de Villena. Por la tarde, mientras hago tiempo en la T4 a que salga mi avión, escribo varios tweets, de temas de lo más diversos. Uno, en concreto dice: “Hoy un miembro del Gobierno de Melilla ha insinuado una posible simpatía de mi persona con ETA por mi apellido vasco. Ese es el nivel”.

La respuesta de Villena no se hace esperar. “Mientes descaradamente, me das pena, no volveré a ir a una tertulia donde este tú”. De no haber contestado el Viceconsejero el tweet se hubiese perdido en el Time Line sin más pena que gloria. Incluso, si me apuras, podría haber contestado algo del estilo de “Sabes que no he pretendido decir algo así”, y el tema se hubiese zanjado.

Cucho1

Pero no, me llama mentiroso, y me insulta. Ante esos hechos, tiro por el camino de en medio. Subo el link de la tertulia y pongo el minuto para que ya no haya posibles interpretaciones y que cada cual lo interprete como quiera.

¿La respuesta? Para echarse a reír. Primero, el bueno de Cucho me acusa de manipular el vídeo -no sé cómo, porque lo único que hago es coger el link de ‘Videos a la Carta’ de Televisión Melilla y señalar en qué minuto se encuentra el tema en cuestión- y después me acusa de “dar a entender que es normal ir a una manifestación a favor de presos de ETA”. ¿Cuándo hago yo algo así? Madre mía, patético.

Cucho2

He vivido en Euskadi 26 años, desde que tengo uso de razón, he asistido a todas las concentraciones en repulsa de los atentados de ETA, he acudido a todas las manifestaciones contra los terroristas, me he movilizado con Gesto Por la Paz para pedir la liberación de secuestrados a manos de los asesinos como Miguel Ángel Blanco, Ortega Lara, o José María Aldaya, entre otros.

Yo, al igual que la inmensa mayoría de la sociedad vasca, me he manifestado de palabra y de hechos en contra del fascismo etarra. Hacer cualquier tipo de insinuación de cercanía al entorno terrorista de una persona por el mero hecho de ser vasco no sólo es prueba de prejuicios sino que señala un pobreza mental enorme.

Cucho ya “saltó a la fama” a nivel nacional por pasarse el Debate del Estado de la Ciudad haciendo barquitos de papel, mientras que el líder de la oposición hablaba de pobreza. Luego llegan los “ay dios mío” del Ejecutivo local y el intento de ciminalizar a los medios de comunicación por “intentar manchar la imagen de Melilla”.

Dicen que, cuando alguien señala la luna, el tonto se queda mirando el dedo. Quedan como lo que son y la culpa no es de la cámara que lo recoge.

 
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